Yo hablo y no escuchas, camino y cruzas en diagonal, mis gestos dicen todo lo contrario a mis palabras pero tú ves lo ideal, lo que no esté a tu alcance, tienes tanto miedo de tener alguna responsabilidad social, de amar sin medida aunque duela y sientas que se entrega todo si das de verdad; cuán poderosa es tu vergüenza para vivir con dignidad y sinceridad.
No comprendes hasta ahora que mi lenguaje corporal es más omnipotente que el lenguaje verbal, lo sobrepasa increíblemente; siempre has buscado una salida fácil, un “no entendí”, un “fui cerril”, pero nunca hiciste nada por cambiar tu actitud, no te jugaste tanto como yo, es distinto desde que decidí que debía dejar de esperar quieta en mi rincón esperando algo mejor, esperando que tú cambies y busques tu estabilidad, que intentes el bienestar universal, que dejes de ser el centro en tu burbuja excéntrica, tan débil y casi por reventar; sólo quería cuidar de ti porque ya no puedo hacerlo por mí, pero es en vano lo que he intentado hacer.
Es en vano querer, intentar dar todo cuando ya no te queda casi nada, no pretendo aferrarme a algo que no es nada, soy fuerte y el tiempo se acaba, dejé en el aire muchas cosas, y custodié siempre todos tus “te quiero”; desde hace un buen tiempo no busco entenderte, y vivo más tranquila, porque sí, las palabras ya no eran de ti, me había perdonado ser tan incongruente, renegar de mí por al principio no creerte, y luego, por terminar haciéndolo de manera inconsciente; era un comportamiento aprendido, en realidad, la respuesta incondicionada, se había convertido en respuesta condicionada gracias a un estímulo condicionado, por ti, por tus palabras altivas, por embelesarme de esa manera, o mejor dicho por dejarme embelesar por tus ojos penetrantes y llenos de seguridad… por creer, por creerte, por no juzgar, por ver lo ideal y no lo real.
Porque así como yo escondía mucho con mi lenguaje verbal, decía todo con gestos, con una sonrisa, con movimientos sorpresa, con miradas nuevas, incubando una parte de mí en eso que haría externo, quedando a la intemperie, inofensiva, olvidando las consecuencias; yo escondía mucho pero daba todo con eso que tú creías no era importante.
¿Has notado que las personas son extrañas por naturaleza? El hombre puede hacer y dejar de hacer por las creencias, el hombre cree y se derrumba algo en otro lugar del universo, y el pensamiento tiene un valor inexplicable, la conducta en estos momentos deja de ser el todo, pues se toma a la persona en sí como la totalidad, pero qué hacemos con el pensamiento… ¿pienso y miento? Somos confusos, buenos a veces, entregados, curiosos, malvados, actores de la vil mentira idealizada, somos externos a la realidad, al sentir desesperadamente, al conocer, al descifrar cada pequeñez que pasa en este mundo perplejo, robusto, poderoso e indefenso al mismo tiempo.
¿Por qué debe ser así, por qué pensar y mentir después, por temor, por no hacernos daño, por no querer dar a conocer lo que en realidad sentimos, creemos, por fuerzas malignas acaso? Busco, busco todas las variables para entender rápidamente al ser humano… Buscaba entenderte a ti, pero ya no lo haré, porque lo perfecto no puede salir de lo imperfecto; porque hay gente más importante que desea sobresalir, que ha luchado mucho, ha entregado todo y no ha ganado nada, que se hizo pequeño sin interés alguno, esperando sólo una sonrisa, una mirada de ternura, pero que no la reciben hasta ahora.
Ser monótono es llegar a un punto de degradación, seguirán muchos en la rutina y harán esta frase suya, inconsciente, ya no inocentemente. La diferencia está en nuestras formas de percibir la misma realidad, y en comprender que nadie actúa, nadie muestra una conducta sin razón de ser, no hay conducta gratuita, esas diversas y múltiples percepciones determinan nuestra forma de vivir; es el resultado de un desarrollo en sinergia de la propia vida en general y de la vida humana en particular.
… Tienes tantas formas de ser, que no encuentras en verdad cómo eres.