miércoles, 19 de marzo de 2014

Ulucordio

La vida da giros,
giros que uno no quiere, no tiende a desear,
y te elevan y dejan caer, y duele,
pero más hubiera dolido si habría planeado mi propio suicidio,
con las palabras que jamás dijiste.





El silencio colectivo en esos meses nos hizo disipar como humaredas de madrugada y 
no volví a verte como el primer día.
La sangre que emana del túnel monstruoso en tu interior te llevó a una de las grandes caretas; y esa fantasía de París y Praga se quedó en el tendedero de tus cadenas paternales, fueron paseos sin manos, abrazos sin emoción, miradas huecas y ultrajadas, no había más que mar negro en tus venas.
Creímos que el miedo hipócrita a tus sentimientos en ti era pasajero, pero no hay dolor más grande que no reconocerte como sí, si eres un conjunto de irrealidad... ¿cómo vives?, cómo si no aceptas tu verdadero yo... 

Finalmente, el precipicio fue nuestro mejor escenario, 
y el agua vertiendo de mi suspiro desgarraba tus vestidos, 
es que cuando el calor humano no enciende luces en el otro, los deseos se funden con la brea del alma, pierden realidad, y aparece el anticipado beso díscolo hasta perder el juicio.

Un tal vez y un quizá se vuelven inútiles en estos tiempos...
pero si tus excusas no hubieran ahogado mi esperanza, si mi mirada no hubiera tenido otro punto de encuentro, si tu cárcel no te hubiera vencido, vivirías sin condena y sin prejuicio.
Y si no hubiera tatuado mi alma con tus colores, no hubiera aprendido a estar segura de no repetir errores.

Y el desenlace fueron clavos en cada una de nuestras terminaciones nerviosas, yace mi lágrima turbia crispando tu vientre, semi abertura en tu boca, y el gemido más dulce en una noche de la Guerra Fría.
Los últimos respiros, la última palabra, y el primer recuerdo de algo enigmático. 

Purgémonos de toda culpa, que ayer no será más y que mañana reparará la existencia en el sueño de la noche ardiente en Praga.