La vida es oscilante, es como el
aire que recorre tu cuerpo una sola vez intrépidamente, es como las olas de mar
que vienen y van, y juegan entre otras aguas, pero el sufrimiento es profundo, recóndito,
viene y se establece, y te roba alegría, ganas, muestras de expresar, limita el
amor que tenías por la vida de aquel que era importante y que ya no está.
Lo he experimentado, lo he visto
en los demás, lo he sentido por personas extrañas a mi entorno y por personas
cercanas también. No es fácil, no es “un pésame” y un abrazo a medio dar, no es
creer que es el ciclo de la vida, no es un “supéralo, ya eres grande”, es más,
es más que llanto y asistencia a una ceremonia de despedida, es el valor que le
dabas a la otra persona en tu realidad, es la alegría que sentías al verla o
verlo, es lo que experimentas al tener al frente una persona significativa,
protectora, adulta y emotiva, una persona que sabías que transmitía
tranquilidad, esa que solamente se encuentra en algunas personas, con la que
sientes que fue oportuno el haberla conocido, como si fuera esa parte que
faltaba.
Que vuele el alma, que viajen las
cenizas de tu cuerpo, las partículas restantes del ataúd, que el recuerdo no
atormente, no desintegre el amor del que está vivo. Si fuera tan fácil, no existiría
el duelo, si fuera tan fácil tú y yo no estaríamos aquí, no le darías valor a
personas, cosas que un día están presentes y al otro día ya no. Tal vez no
estarías leyendo lo que escribí ahora, que se quedó en un pasado cuando tú
prestabas atención a otro momento de la vida.
Si la muerte está cerca no puedo
tenerle miedo, el miedo minimiza tu capacidad de expresar, de pensar y de
actuar, necesito las facultades alerta, y es necesario protegerme para que el
miedo se convierta en valentía, qué mejor medicina si la muerte se alimenta de
miedos, de los míos y de los tuyos, de nuestro desgano en situaciones extremas.
Si la muerte está cerca conviviré con ella hasta que deje de sentir miedo,
hasta que logre sentir que culminar esta vida no será inhóspito y alocado, será
un descubrir más, como el de un recién nacido al salir del vientre de su madre
a un ambiente extraño. No somos de nadie, no somos de nosotros mismos, estamos
obligados a un inicio y un fin, somos seres a los que nos otorgaron razón pero
no supieron cómo utilizarla al máximo.
La vida es efímera, el tiempo de cada persona es efímero, no vuelves a
vivir tu pasado, aprendes de él, no tienes el mismo presente permanentemente,
no sabes cómo será el futuro, es variable, todo es variable.
El sentimiento después de la muerte, ese momento al llegar la vida, de
otro cercano o no, a su final es triste y desolador, un sufrimiento que se
siente una vez hacia alguien que aprendiste a querer, que pensaste que iba a
estar pero ya no está, y su ausencia te lastima, te duele en lo profundo, en lo
íntimo. Es que solamente tú puedes sentirlo, nadie comparará lo que puede
percibir del dolor con tu dolor, es un mal intento de hacerte sentir bien.
Cada uno encuentra o debería encontrar la forma de restablecerse sabiendo
que la causa de todo está ausente y seguirá ausente aún después de la muerte de
uno mismo.
