domingo, 11 de noviembre de 2012

.


La vida es oscilante, es como el aire que recorre tu cuerpo una sola vez intrépidamente, es como las olas de mar que vienen y van, y juegan entre otras aguas, pero el sufrimiento es profundo, recóndito, viene y se establece, y te roba alegría, ganas, muestras de expresar, limita el amor que tenías por la vida de aquel que era importante y que ya no está.
Lo he experimentado, lo he visto en los demás, lo he sentido por personas extrañas a mi entorno y por personas cercanas también. No es fácil, no es “un pésame” y un abrazo a medio dar, no es creer que es el ciclo de la vida, no es un “supéralo, ya eres grande”, es más, es más que llanto y asistencia a una ceremonia de despedida, es el valor que le dabas a la otra persona en tu realidad, es la alegría que sentías al verla o verlo, es lo que experimentas al tener al frente una persona significativa, protectora, adulta y emotiva, una persona que sabías que transmitía tranquilidad, esa que solamente se encuentra en algunas personas, con la que sientes que fue oportuno el haberla conocido, como si fuera esa parte que faltaba.

Que vuele el alma, que viajen las cenizas de tu cuerpo, las partículas restantes del ataúd, que el recuerdo no atormente, no desintegre el amor del que está vivo. Si fuera tan fácil, no existiría el duelo, si fuera tan fácil tú y yo no estaríamos aquí, no le darías valor a personas, cosas que un día están presentes y al otro día ya no. Tal vez no estarías leyendo lo que escribí ahora, que se quedó en un pasado cuando tú prestabas atención a otro momento de la vida.
Si la muerte está cerca no puedo tenerle miedo, el miedo minimiza tu capacidad de expresar, de pensar y de actuar, necesito las facultades alerta, y es necesario protegerme para que el miedo se convierta en valentía, qué mejor medicina si la muerte se alimenta de miedos, de los míos y de los tuyos, de nuestro desgano en situaciones extremas.

Si la muerte está cerca conviviré con ella hasta que deje de sentir miedo, hasta que logre sentir que culminar esta vida no será inhóspito y alocado, será un descubrir más, como el de un recién nacido al salir del vientre de su madre a un ambiente extraño. No somos de nadie, no somos de nosotros mismos, estamos obligados a un inicio y un fin, somos seres a los que nos otorgaron razón pero no supieron cómo utilizarla al máximo.

La vida es efímera, el tiempo de cada persona es efímero, no vuelves a vivir tu pasado, aprendes de él, no tienes el mismo presente permanentemente, no sabes cómo será el futuro, es variable, todo es variable.
El sentimiento después de la muerte, ese momento al llegar la vida, de otro cercano o no, a su final es triste y desolador, un sufrimiento que se siente una vez hacia alguien que aprendiste a querer, que pensaste que iba a estar pero ya no está, y su ausencia te lastima, te duele en lo profundo, en lo íntimo. Es que solamente tú puedes sentirlo, nadie comparará lo que puede percibir del dolor con tu dolor, es un mal intento de hacerte sentir bien.

Cada uno encuentra o debería encontrar la forma de restablecerse sabiendo que la causa de todo está ausente y seguirá ausente aún después de la muerte de uno mismo.