dibújame como primavera y noctilucas.
Yo solté la mano sombría de tu miedo inaudito
porque el viento en sueños hizo alejarse a la muerte.
Te ha tatuado en el muro en el que izaste la bandera con tu nombre.
Cuando un recuerdo regresa,
taladra la pared de monstruos batallados,
si no empieza contigo, empieza sin ti.
Y la tristeza juega a las escondidas con mi amor alegre e inacabable, pero tú siempre liberas a los compañeros atrapados, entonces una luz emana por entre tus piernas y enceguece a los caminantes sin camino.
Cuando un recuerdo retorna,
la llave que abre tu caja fuerte se hunde en el río sangriento del anhelo.
Y tu estadío de mujer se siente astuta y con fuerza de lucha por su presente inmaculado.
No debías volver por estas fechas, Camile,
el extrañarte se había hecho alegría del sol,
aprendí a sonreír y esperar tu presencia, tu olor, tus besos, tus pisadas en el frío parquet.
Si volviste así, si quitaste mis cabellos de la almohada y dejaste tu figura en fotografías por la habitación, no veo la hora en que vuelvas a partir, para que se repita tal hermoso encuentro.
Yo no te pedí nada de esto,
¿lo esperábamos? Tal vez...
El bus pasó a la hora de siempre, y tú lo perdiste por pintarte los labios en ese paradero prohibido.
Yo tendía a mirarte de la mano de otro, pero esta vez me tendías la mano a mí.
No lo esperaba, pero ahora siempre espero tu esencia al caer la tarde y abrazarme por la espalda,
ahora espero tu sonrisa en la puerta giratoria, para marearme de la libertad y el amor que traes.
Al fin y al cabo, dos noches más tarde, las cartas a Pizarnik permitieron unir el deseo turbio por el misterio de la muerte, el abismo se hizo cauce entre tu río y el mío.
Entonces me abrazas desde ese día, y los meses son armaduras ante los monstruosos caminantes que aún no iniciaron su travesía, y que se fijan de manera brusca en cómo dos humanos pueden demostrarse cariño.
Es que ellos aún no comprenden que en toda esa magia de amor, esa explosión interna de pieles y huesos se disipan y queda el recuerdo del beso predilecto.
Serpiente de aventura, arrástrame y déjame viajar por tu locura.
Querida Camile, yo no sé cuánto dure esto, pero por ahora vamos jugando al peligro de no dejarnos, de comenzar a cuidar el espacio en tu almohada, de pasear entre libertad renovadora y tu piel de aurora.
Las almas repudian la prisión, y nosotros podemos ser aves.
Ser cristal para quitarnos las máscaras.
Y seguir con el amor y el camino azul, sin sombras ni nombres.
Ilustración: Paula Bonet






