viernes, 27 de mayo de 2011

Toque de queda

Me he equivocado, he sido egoísta y por miedo al daño y el dolor he herido, he sentido, he caído, he perdido, me he confundido y muchas cosas el día de hoy han perdido el toque de color.
Las cosas no deben ser como han sido establecidas, no deben calarme el pensamiento, no deben asustarme, no pueden sobrepasarme, no pueden inmiscuirse en mi forma de ser mostrando ambición, preocupación excesiva por eventos póstumos, no tienen que arruinar mi vida, tampoco hacerme pasar cada día sin la búsqueda de mi estado ideal. Me ha costado entender esto, pero tenías que decírmelo alguna vez, porque me quieres y yo no me he privado de hacerlo contigo. He vivido llena de parámetros, con límites, con ajustes naturales que están transformando mi ser; y no es bueno, no es entendible, no es lógico ni adecuado. Sé que no esperas más de mí, no he pedido que lo hagas, pero te hice daño de alguna u otra forma, y me hace daño saber que ya no seré quien era antes.
Cuando el mar me desafiaba, sabía que estarías allí, aislándome del asombro, del susto, del miedo, del desequilibrio emocional; hoy sentí miedo, porque te vi lejos, sentí que la posibilidad de regresar a tu lugar estaba sesgada, que tu mirada no iba a ser de alegría ni de aceptación. Mi miedo ha sido eterno, me ha provocado etapas de transición, limitarme afectivamente ante algunos, demostrar dureza subjetiva, aferrarme a lo académico insulsamente sin pensar en lo que me rodea; siempre he sentido que las personas llegan a uno por intereses superfluos, pero es distinto contigo, y tal vez por mi inseguridad, mi constante manía de hacerme pequeñita, de críticas y fijaciones con la perfección, he llegado a escaparme de un lado de la realidad y me he puesto en el papel de un ser malvado, me he dejado atrapar y seducir por esa sombra de la cual me he escapado todo este tiempo, me he atrevido a desafiar mi punto de equilibrio, he perdido mi permanente intención por dar todo sin esperar nada.
Te he hecho daño, y con eso me he hecho daño a mí misma, no me percaté de los errores, tampoco de las consecuencias, de la privación de tu vínculo, ni de toda esta sensación inusitada e insoportable;  he caído y me está costando mucho levantarme.
Sabemos que las promesas son frágiles, que mi llanto fue inesperado, que tu llanto me demostró la importancia de haber sido parte de tu vida, que tu enojo es severo, que no será como antes, que hay ciertos puntos que determinan una situación, que la angustia por no verte en esta rutina indiferente y abrumadora me hastía, me calla, me ahoga, me desintegra.
Hay una sola decisión, un solo sentimiento, una solución, un empezar de nuevo y un fundamentado y verdadero “lo siento”.

Y está este corazón a la intemperie, frágil, esperando algún golpe bajo, enmarañado de palabras hirientes llenas de realidad, de miradas justicieras, está buscando una explicación tratando de dominar la abulia intrépida, queriendo hacerse dueño del cuerpo dulce que un día fue desterrado por emociones inhóspitas e instintos peculiares no deseados.
Sé que hay una intención, hay formas de cambiar todo este panorama dañado, no conservado, pero se necesita tiempo y espero no me dejes sola, no permitas que siga en el error, en esta reacción circular perjudicial, muéstrame el momento indicado.

Todos hemos cometido pecado, y hemos de pagarlos concibiendo constancia en nuestro acto. Sin duda, una vez más la debilidad del ser humano es grande, perturbadora y está sesgando nuestra esencia.  
     

sábado, 21 de mayo de 2011

You're not alone.

Sin duda, has sido la fortaleza, la constancia;
te debilitaste, pero renació la esperanza y la paciencia.
No he estado a tu lado, no me presenté físicamente,
sin estar contigo, estoy por ti, desmesuradamente.

La distancia es enemiga de mis malos momentos, 
y tú, la alegría y quietud que invade mis lamentos,
nadie es digno de juzgar tus decisiones ni tus acciones,
y creo que no es necesario que des explicaciones.

Eres el único ser que manifiesta tanta ternura,
que con sólo una sonrisa asedia amarguras.
Cada risa, cada momento, cada palabra,
sin tu toque de ternura y voluntad, no tendría nada.

Agradezco porque me has enseñado a ser fuerte,
porque entendí contigo lo que es amistad verdaderamente,
triunfaste ante mi desconfianza, mis dudas y mis miedos.
No estás sola, estás conmigo. No dudes, yo siempre estoy contigo.


martes, 10 de mayo de 2011

Abulia y vahído súbito

Una sorpresa puede perder la emoción, así como puedo dejar de extrañarte sin haberte olvidado. Prometí no estar ajena a tu realidad, quise no quererte y no lo he logrado, pero pude calmar mis ganas por saber de ti, no se ha hecho presente la exasperación, y he podido estructurar las dosis de cariño, la porción de amor que precedentemente te di. 

He querido en demasía sentir que quien se hace dueña de todo soy yo, que es mi voluntad la que cambiará mi vida, que tengo que actuar porque así lo deseo, porque la voluntariedad hará que alcance la felicidad, sentir que tengo responsabilidades y que soy capaz de lograrlas sin tenerte a mi lado, sin verte o escuchar tus palabras, sin pretender quererte, sin consentir que te inmiscuyas y logres dañarme o quebrantarme. Dejaste palabras en el aire, privaste y desintegraste conductas oportunas y lógicas, te alejaste confusamente, me desorienté, hubo ofuscación en mi lugar, no me enojé, no he podido hacerlo con muchos y no esperé tampoco hacerlo contigo. 

No te olvido, no lo intento y no genera flucutación en mi estado de ánimo; te quiero y no me desespero, queda estático el grado de amor y puedo controlarlo con austeridad; vivo discreta, serena y prudentemente, pues se hace presente la inocencia en el momento, creo que he comenzado a buscar respuestas sin abdicar mi razón ni atenuar mi yo; te necesito y no busco tenerte a mi lado, necesito el equilibrio y la mesura para estar segura de mí y de ti; te hablo y no es correcto ni fructífero que me escuches, hay tranquilidad en este panorama, no hay abulia ni auscultación por volver a la dependencia paradójica y vesánica.

Cuando se dio el colofón, no miraste, buscaba entenderte, hablabas atolondradamente y negabas la idea de desvincularte y hallar la distancia óptima. Eras tú y yo adherida al mutismo, desintegrándome entre la cautela y la infamia de tu determinación lúdica, irónica y difusa; aceptaba mostrando mi lenguaje corporal seguro e hidalgo. No hubo quejas, no hubo retorno, tampoco miradas de tristeza, simplemente un cuerpo oscuro, soplidos fríos de un cielo enfurecido y omnipotente, el alma vagabunda de cuerpos carentes de amor, estima y existencia, el canto decadente de aquella princesa enclaustrada y abyecta, el suspiro alterado de una sensación quimérica, el deseo de una sola palabra: "detente", el instinto radical y constante de protección de ese lobo valiente, y, mi sentir atónito y estupefacto.

En esos minutos, bajo la oscuridad tu idea dejó de ser certeza, y cómplice se hacía la oscuridad, invadiendo el que fue nuestro lugar. Decidí omitir la duda y la tristeza, entiendo y no pretendo guiarte cuando te sientas desprotegido, no pretendo darte sosiego, ni ser presa de tu maniobra cáustica. He encontrado una medida que inhibe la ansiedad, y he logrado estructurar mi vida ausentándote excesiva y esporádicamente; la ausencia puede traslaparse, y tengo el control para entregar y cohibir el cariño; envueltos en la oscuridad es tiempo de hacernos niños, jugar eludiendo intereses subjetivos, concluir con todo esto. 

No deberá ser un final feliz, porque las condiciones externas y otras influyentes no lo permiten, pero es tiempo de concluir con nuestro juego, y descuida, lentamente irá descendiendo el nivel de importancia que incorporé, se debilitará nuestro vínculo sigilosamente, se empobrecerán tus recuerdos, y todo lo que dejaste en mí. Una vez más envueltos por la oscuridad en aquel lugar, caducará nuestro tiempo y será el final de todo, no esperes algo extra pues no hay vencedor esta vez, es una liberación, es la idea de que se acabó el "amar", es decir adiós y no regresar.     

martes, 3 de mayo de 2011

Expropiación nouménica

La vida se está yendo, y ha pasado por mi lado, me ha rozado, me ha hastiado tácitamente, me ha dejado desprotegida y ausente en esa categoría a priori que se llama tiempo. Entiendo que inusitado es mi deseo, que es poco probable su realización, y será resquebrajante tu maniobra, es desesperado el vocablo que pondrá fin a mi juicio trascendental, pues admirable será mi desazón.

Si crees que el mundo gira en torno a ti, estás viviendo abyectamente. No agotes tu pequeña capacidad de amar, no seas tiranizado, no aguantes las ganas de gritar, no claudiques ante tu verdad, no olvides la idea de ser, no resguardes tu esencia, la doctrina del concepto, no ahora que estarás inerme ante el noúmeno anhelado. Es cierto que el sujeto le da valor al objeto, a la realidad, pero siempre está condicionada con intereses superfluos, por una intención bizarra y rústica; creo que tal vez la necesidad del ser humano no es la totalidad de lo real, y la distinción de la razón y el entendimiento se está haciendo insuperable, y distante. Tu felicidad cáustica no lo es todo, y tampoco tu infaltable lascivia y el proceso súbito y marginador, ni tu "pleno"  y efectivo saber es lo máximo para la ley universal.

Estás en constante cambio, decides y hay luchas entre dos deseos, o eres así o te arriesgas a replantear tu ser roído, juegas con la parte de tu ayer, y vuelves a la vida sin la facultad de sensibilidad, de entendimiento ni de razón. No será fácil, estás intengrado a tu sociedad, y si no actúas quedarás dominado, y humillado, porque no cabe el descuido, no cabe tu sonrisa esperanzada, tampoco la palabra de aliento o el abrazo abstemio, y menos una idea que no ha podido ser concretizada.

Mes de fulgor,  de la filosofía del espíritu, de ideas ortodoxas, de palabras decisivas, de ética y moralidad, de entender que ese amor no se equivoca, de mirar al cielo suspirando esperanzada en algo mejor, de café cargado e inconsciencia colectiva, de sinfonías extraviadas en mi yo, de callar por respeto al deber, de jugar con la frialdad y el interés afectivo, de nuevas voces, de traslapar la carencia de un ser inocente y pequeñito, de miradas intrépidas y absorventes por algún tipo extraño que me ha robado el alma en su mundo cosmológico.

He hecho cosas normales, he cumplido con mi rutina una vez más; la realidad tiene otra visión, me he impuesto y ante ella me he expuesto fortalecida e inquebrantable, negaré la conciencia de aquella que me dejó en la intriga de lo incierto, en el desinterés del noúmeno, en la apariencia errática, en el fenómeno creado y establecido, en la inseguridad al sonreír.

Si la vida está pasando, es hora de que active el espíritu de sublevación y que busque un bien universal, el sentido de mi vida, sentir porque es un llamado, es mi necesidad.
El fin de la vida es próximo a cualquiera, es inesperado y tal vez algo escrupuloso, y es ley para todo ser humano, sin embargo, esa idea sublime y desafiante trae desconcierto y sigilo, y me anima a aventurarme, a increpar en el vuelo de las coplas melancólicas y de abulia, a instituir el deseo de verdad, a que cada día sea un goce lleno de ímpetu y de valor, a no aferrarme y dejar el telón caer, a crear nuevamente una historia fúlgida, y sobre todo a disputar el anhelo de vivir y el misterio de la muerte.

El misterio de la muerte, por el que si te dejas escatimar y supeditar estarás en la soledad, ajeno y lejos de tu lágrima y en toque de queda.