martes, 19 de abril de 2011

Pragmática afectiva

Odio no poder decirte todo lo que he guardado, claudico mis ganas de llorar, y estoy intentando traslapar la alegría que siento al verte, al saber de ti.

Ha sido el enfrentamiento más codiciado en mi vida, son dos conciencias, dos deseos, y esta vez uno de dos subyugará en esta escaramuza errática y de quien se apodere el miedo intenso a morir...será de ti , porque no estoy dispuesta a caer una vez más, a pensar y sentir por ti. Se disiparán mis ganas de hablar, encontraré la satisfacción propia y delicada, no hallarás manera de verme doblegada, hoy no, no serás la conciencia dominante, y no por haber entregado tanto seré el ser débil, inocente, estulto, sutil que creyó en algo cuando no existía absolutamente nada.
Estoy segura de no sentir lo mismo, de no saber qué sientes, de haber creado un fenómeno caótico e inestable, de estar exhausta por confiar en ti y no haber indagado en toda esta lucha de hegemonía... en esta competencia diestra y versada en la cual, lamentablemnte has vivido desde hace excesivo tiempo. No he de abandonarme, no consentiré tu insania por la confluencia entre los dos, quedarás confinado al goce como también al putrefacto estado de una utópica contradicción, de la mendacidad mixtificada a conveniencia.

Trataré de estar mejor, y de llorar osadamente, ahuyentando el pavor de verme desprotegida, congelando tus recuerdos, estando decidida a que las estrellas brillan esta noche por mí porque han sentido lo mismo que yo; voy a calmar la inquietud afectiva que fue generada por tu amnesia premeditada. Aceptaré que las fases en nuestra colisión afectiva están buscando el momento idóneo para escurrirse y fugarse por nuestros pensamientos y por mi organismo inmunodepresivo; no hay que apresurarse, no ahora porque mi temperamento es flemático y mi escudo federado rechazará tu desesperación y tu injusta sensación de supremacía, acorralará tu insinuación hiriente carente de envergadura, significación y presunción.

He decidido omitir todo de ti porque aunque sea extraño, pesaroso y me atrape la confusión, has hecho daño, un daño que pasó desapercibido obligatoriamente por mí una vez. Tristemente creo que es lúgubre y funesto lo que conocía de ti o la imagen que me hice al creer en ti.
Sin  embargo, una vez más has agotado las oportunidades ofrecidas, una vez más me he arriesgado y he perdonado, empero siempre llega un día fundamental y contundentete el cual te muestra la veracidad, la autenticidad de tu realidad y la intrepidez o audacia con la que debes actuar, pues es hoy que te relego porque la fluctuación de tus demostraciones han sido atroces e insuficientes, me han ahogado en inseguridad y me han devastado minuciosamente.

No vuelvas a decir que confias en mí, porque no habrá sistema de codificación ni estado emocional que lo acepte como verdad, no causes más daño y aléjate de mí silenciosamente; pediría que tu despedida sea intrínseca y neutral.

Y te desearé lo mejor, porque deberás aprender a ser feliz para hacer feliz a los otros, entenderás que lo escencial lo tienes tú y no hay razón para despojar de sí a un inocente e íntegro ser. Repetiré que no estás solo, quiero que creas y trates a las personas no únicamente como un medio, sino también como fin.

Es cierto, duele cuando trato de exiliarte de mi lugar, cuando te ignoro, cuando te ausentas oscilante, duele y es inútil la espera y lo empeñado para ti, pero tomaré lo que dijiste una vez: "Nada es imposible, ni tampoco dura para siempre."

domingo, 10 de abril de 2011

Crepúsculo Escéptico

No es mi lugar, no es el día predilecto, no fue el momento en que debía recibir abrazos comprometidos, no necesito que todos asistan a un lugar por mí o por el día en que me aferré a eso que se llamaba vida, no es obligación de nadie y ni de mí creer que será un día perfecto, los días van y nunca los podemos detener, las fechas se olvidan, y tal vez se pierden en la memoria de alguien que nunca le dio importancia. No es crucial celebrar cada cosa que se te presente intempestivamente, no es relajante si todos pretenden algo evidente, y se cierran en el tratado de la sociedad.
He pensado que debe ser diferente, debía ser normal, un día más, sin reuniones, sin nada que ofusque mi tranquilidad, quizá con un libro, con un café, con música y la búsqueda de mí misma en un lugar solitario de la ciudad. El noúmeno se hace presente y deja ínfimamente al fenómeno, están condicionados por distintas categorías y no se fijan en lo real.
Somos tantos seres, tantos cuerpos, tantas almas, y nadie sabe completamente nada del otro, una fecha pierde su envergadura, se difumina porque sólo en ese momento una cantidad de personas la tiene en cuenta, al pasar las horas todo se coloca nuevamente en su lugar, y todo regresa a la normalidad, y cantidad de palabras auténticas y efímeras quedan relegadas por nuevos momentos. ¿Lo axiomático de mi vida? Eso es para mí, y para muchos pasará desapercibido y será efímero, puesto que también pueril.
No es del todo bueno, no es felicidad ni melancolía, no es el deseo de recordar, no es el deseo de hacer lo que debo, no es el deseo por sonreír, no es el tiempo en que estaré esperando una respuesta detrás de la puerta, no es la emoción por un día como este, no es euforia por agradecer… llegará a ser la eutrapelia omnipotente que me devuelva la delicadeza, la sensibilidad, la indulgencia introspectiva. Se necesita un poco de cielo para la tierra, calmar la desesperación e ira de las olas del mar, consolar detenidamente la penumbra de la luna en su oscuridad, oír el canto del aire al pasar, observar y amar.
La soledad quiere ser mi compañera hoy; está absorbiendo mis ganas, mi vigilia y mi risa peculiar, y está sublevando mi yo abstemio, abúlico, maniático y ético.
La supervivencia es un juego vertiginoso, la disculpa está desequilibrando mi seguridad, mi modo de ser, mis respuestas cimentadas, mi escepticismo, la duda. La querella intrínseca da origen a consternaciones cardiacas, carencia de sentir y convertirme en imberbe del drama inexorable.
Y es así, un silencio furtivo, un evento distorcionado y melindroso, una emoción inconclusa y quimérica, un constructo incrédulo. Una insania poderosa que te deja perpleja.