Si ella está aquí, si ella está abatida, si ella necesita un abrazo y se encuentra en estado melancólico, ¿por qué está aquí?
Si ella se hubiera quedado estaría sonriéndo, admiraría la inocencia de los seres queridos, tendría la plenitud, amaría ser un bufón embelesado por la alegría de personas cercanas, leería libros sin pausa, haría inmersión de sus sentidos en una obra de arte, salvaría a aquel muchacho, no permitiría que la vida se pase sin ella... pero extrañaría su soledad pueril y a ese ser infiltrado sutilmente.Si estaría en su lugar nunca hubiera llorado desconsoladamente, no habría sentido que se hunde entre palabras impetuosas ni miradas ínfimas, habría dicho la verdad, aceptaría el instinto en su llamado para ser feliz, cantaría con emoción y regocijo, no se ofuscaría por el cariño que percibe, encontraría el equilibrio, no iría tan a prisa, calmaría el vértigo...
Cuando tomó aquella decisión, quizá no pensó en sí misma. Ella estaba desorientada porque era la primera vez que estaba expuesta a la lejanía vertiginosamente, y no pensó en lo que podría venir ni en cómo se sentiría cuando el tiempo indicado llegara e incaute la conmoción central de la vida. El hecho de haber retornado, de haberse olvidado de los eufemismos, los vocablos rebuscados, las risas en todo momento, los consejos universitarios, las fascinaciones con charlas psicológicas, hicieron que enrede su tiempo con emociones, con momentos efímeros y felices del pasado e incitaron el hábito de la sinceridad del yo y la costumbre por amar sin pedir nada a cambio, revolucionaron la manera de sentir y percibir extraordinariamente, de valorar, de buscar el pulso de claridad, olvidó que tanto, tanto, tanto amor...a veces lastima, sin embargo, se empapa e inmiscuye en otro perímetro, aprehende lo benévolo y oportuno.
Si ella no hubiera entregado desde tan niña, si no hubiera sido la mujercita valiente e implacable, si careciera de aprehender y de aprender no sería como es ahora, no es perfecta y no le molesta; pretende, aspira y añora ser más fuerte, sólo esta vez, y está decidida a encontrar respuestas minuciosa y lúcidamente.
Si ella está quieta en este momento es porque el tiempo corre y no siente motivo para hacer una mofa de sí misma, no logra avanzar en esta travesía recóndita; si ella está estática e indefensa es porque se quedó enfrente del espejo empañado y aún no se encuentra, no se ve, no ha contemplado el mayor anhelo de su vida. Si aún no decide regresar es porque quiere descubrir, quiere sentir necesidad, apreciación por lo que hace, por lo que realizará y dejará. Tiene una incesante y firme hostilidad entre lo que debe y quiere crear, pero se las arregla y estipula seriamente...por lo que relega y descuida el sentimiento pleno, ése que le daría la felicidad perenne.
Sí, es cierto, ella tiene recaídas, se lamenta pero ella también tiene oportunidad, aunque ella se hastíe, se desespere sabe esperar, por lo tanto, flota y flota en el recuerdo radiante y ufano, deja fluir precariedad, el recelo y la angustia. Ella que está creciendo, llora, extraña, siente vacíos, tiene fallidos intentos, y duerme, avizora lo insólito esperanzada en que en pocos minutos estará obteniendo el sentido y la tranquilidad, y le da pinceladas de cándidos colores a su vida difusa; canta y encanta cuando la opresión cautiva su alma; baila y gira sin parar confiada en que de esa forma aturdirá y confundirá a personas ajenas e infames. Ella escribe, descarga y alivia en cada una de las palabras un poco de la penumbra, como también desbordante entusiasmo, fructuosa ilusión y un deseo de medicina mitigante, el atenuante del dolor y la amnesia de un sueño peligroso, de la elección incorrecta.
Ella busca incesante y desesperadamente, esa mujercita que ha caído más de una vez, que está a la espera y la contemplación del anhelo y el centro de la vida...soy yo.








