Y no es necesario que digas nada, te conozco, me conoces, tan sólo déjame estar del otro lado de la ventana, debo sentir la neblina haciendo el pacto con mis tejidos, quiero terminar de sentir cariño y olvidar la sonrisa de cuando eras niño, si tienes el poder de introducirte en mí y alterar mi conciencia... sólo déjame cerrar mis ojos y aceptar ésta condena.
Juguemos ahora a hacernos daño, y abusemos del tiempo porque no me queda mucho. Te quiero a ti y a tu extraña forma de convencerme, los ángeles vuelan a mi alrededor y yo soy la luna en tu mundo transoceánico y desatinado; tengo penas y tengo también por la escurridiza emoción efímera una larga espera; lanza ahora la pregunta de consumación y finje temor y turbación para cuando deje de pensar que te quiero. Una nube de amargura define mi estado cuando regresas sigilosamente y me confundes, descalabras mi vida sin abrigar mis dudas; domino mis sentidos y evito darte una palabra cálida o una emoción que me delate, no permitas que siga alimentando de esta forma el hórreo prisionero y la indecencia del exceso de vicios, no procures momentos incómodos hiriendo con tu palabra indiferente. Después de todo, no me canso.
Aunque viva como en leyendas, deja atrás tus miradas dilatadas, dame la dosis de sosiego, reza para que logre dejar partes de mi corazón lejos de la trinchera carente de fe; cierra los ojos y si crees que es lo correcto... olvídame sutílmente y como señal regálame una mariposa de maravilloso color, y sino, amenaza y sé vencedor ante mis ideas insensatas, no me detengas, devuélveme la libertad y disuade mi vida acorazada.
Porque después de todo, no me canso de estar para ti, no he dejado olvidadas mis mañanas y no me daré por vencida antes de tiempo; si la muerte va a ser protagonista antagónico a tu ser, elabora un plan opulento y vigoroso, no dejes otra vez mis pupilas vencidas.
viernes, 21 de enero de 2011
sábado, 8 de enero de 2011
Emociones Congeladas
Es difícil mostrar lo que una persona siente, y ni mis lágrimas se arriesgan, pues no estarán indefensas en el exterior, ni yo me decido para destruir y no seguir en este círculo enajenado; ayer, hoy, mañana; no estarás en el momento clave, no estuviste, no estás, no estarás, porque mi yo liberado quiere alejarse de una vez de ti, porque me enloquece y tiemblo, porque los latidos se unen y se están haciendo fuertes, y debo dejar de depender de ti, ayer, hoy, mañana.
La sonrisa abyecta, mi sentir desalmado, la neurosis altiva, si tu orgullo no sería protagonista de la escena deshonrosa, mi calma podría notarse ante los minúsculos espectadores; si tu paciencia por entenderme sería amplia y tus contradicciones no conmoverían mi inteligencia emocional, entonces mi estabilidad sería solemne en esta epístola a tu aledaño corazón.
No te preguntaste nada respecto a mis actitudes, el valor de inmiscuirse en mi totalidad de ser humano se disipó como mis palabras hoy en nuestra conversación ausente. He estado inquieta por mucho tiempo, y mi tranquilidad se ha visto envuelta por médanos de sensaciones inhóspitos y delirantes. Ayer, hoy, mañana... no sabes la diferencia de éstos tiempos, por eso no buscas más allá. Tienes que encontrarte a ti para aferrarte a mí, y yo pueda esclarecer tanta confusión que ha sublevado el orden de mis factores mentales.
Pedía más de lo que intentabas dar, pero no era para mí, era por ti.
Tu insinuación superficial, la carencia de afecto, la duda en tu hablar, tu inmadurez para amar, por qué no puedes traspasar los parámetros en los que te has obligado a vivir todo este tiempo... yo no pierdo nada ahora, tal vez sonrisas ingenuas, lágrimas valerosas que cayeron por mí en tu honor, el gusto y la voluntad por decir un "te amo", recuerdos estrepitosos, poderosos como la ira de algún dios; la burla de mi razón al pensar en esta epístola innecesaria para ti, pero omnipotente para mí porque el ayer, el hoy y el mañana se entrelazan aquí ahora, y te elevan, flotas como ondas suaves y dulces...sólo espero que decidas si se acaba o no, porque debe ser este el último suspiro de una prófuga emoción, aquella que quedó congelada por tu extraña figura, por tu rareza al amar.
La sonrisa abyecta, mi sentir desalmado, la neurosis altiva, si tu orgullo no sería protagonista de la escena deshonrosa, mi calma podría notarse ante los minúsculos espectadores; si tu paciencia por entenderme sería amplia y tus contradicciones no conmoverían mi inteligencia emocional, entonces mi estabilidad sería solemne en esta epístola a tu aledaño corazón.
No te preguntaste nada respecto a mis actitudes, el valor de inmiscuirse en mi totalidad de ser humano se disipó como mis palabras hoy en nuestra conversación ausente. He estado inquieta por mucho tiempo, y mi tranquilidad se ha visto envuelta por médanos de sensaciones inhóspitos y delirantes. Ayer, hoy, mañana... no sabes la diferencia de éstos tiempos, por eso no buscas más allá. Tienes que encontrarte a ti para aferrarte a mí, y yo pueda esclarecer tanta confusión que ha sublevado el orden de mis factores mentales.
Pedía más de lo que intentabas dar, pero no era para mí, era por ti.
Tu insinuación superficial, la carencia de afecto, la duda en tu hablar, tu inmadurez para amar, por qué no puedes traspasar los parámetros en los que te has obligado a vivir todo este tiempo... yo no pierdo nada ahora, tal vez sonrisas ingenuas, lágrimas valerosas que cayeron por mí en tu honor, el gusto y la voluntad por decir un "te amo", recuerdos estrepitosos, poderosos como la ira de algún dios; la burla de mi razón al pensar en esta epístola innecesaria para ti, pero omnipotente para mí porque el ayer, el hoy y el mañana se entrelazan aquí ahora, y te elevan, flotas como ondas suaves y dulces...sólo espero que decidas si se acaba o no, porque debe ser este el último suspiro de una prófuga emoción, aquella que quedó congelada por tu extraña figura, por tu rareza al amar.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)