miércoles, 6 de agosto de 2014

Ya no quedaba más la astucia de su sombra que perturbaba la respiración de los días,
ya no había más recuerdo en vano ni lágrima vencida por el desengaño.
Ya el eclipse de mar la había disipado.

Y qué apoteósica esa mañana de nuevas pieles humanas descubiertas,
qué juego de colores el de su boca, el de sus gritos de avecilla en abedul,
el de su mano sobre mi espalda, dibujando mi omóplato con perfección divina,
era algo inhumano, momento de trascendencia para dos seres.

El silencio era eterno pero se traducía en comunicación entre nuestros sentidos,
...y una vez más el desayuno adornaba la habitación  y nuestras almas volvían de aquel viaje de madrugada, de placeres eternos, de sensaciones corpóreas incontenibles.

Quién sabe lo curioso de aquella noche fría,
quizá fue desencadenante de tanto deseo, tanta calentura,
paredes testigo de amor furtivo, amor a gritos, de amor libertario,
de amor inusual; se había hecho cómplice de mi placer y su rostro me hacía más dócil
Entonces, su palabra pintaba mi cabello y sellaba mi boca, quitaba lamentos y penas mal curadas, caía hacia su centro.

Tenía la mirada de mar adentro,
como un tul de nubes,
de hielo compacto luchando contra el sol omnipotente.
Tenía sigilo y atrevimiento, los electrones bailaban a su alrededor.
Las millas entre nuestros cuerpos hacían brotar girasoles.

Y si me dices que la describa en una palabra...
en una mísera palabra,
palabra
pa-la-bra
no puedo, no; las palabras se trizan si se intenta compararla con ella.
Los fonemas y grafemas se hacen carente de todo peso y descripción importante.

Y el rostro de vos, y mi rostro, señora mía, dejaba claro que la noche no es una ciencia exacta.
Parámetros humanos, golpes de pecho con sabor a dulzura, bailes equivalentes a componentes corporales en tus pícaras comisuras.

Pero entonces, ya no habían sombras tormentosas; estaba el óbito perfecto de sombras pasadas, demonios congelados con tu mesura. Nueva silueta brillosa, el crack de cuerpos extraños, estábamos en el lado de la vida, mirando a la muerte envidiosa que no se consagraba porque jamás amó como nosotros.

Sostuvimos la mirada, la nueva silueta pedía nuevos planes, cambios de coraza, y nuevas sonrisas con olor a tus cabellos. La nueva sombra regalaba besos, hacía trifulcas con los sentidos y trastocaba terminaciones nerviosas.

Por fin, cada símbolo de vínculo flotaba en el aire como burbujas en ese olor a vainilla de la envergadura en tus alas y de mi ya renovada estructura.


martes, 8 de julio de 2014

Huellas dactilares

El tiempo curaba con cuenta gotas
y la tinta de cada una de tus cartas se hacía ilegible
entre el papel y mi olvido,
entre tus te quiero obsoletos
y el hilo de frío.

Mis besos probaron lo amargo,
lo ardiente de una llama que se apagó
de forma impetuosa y tardía,
más tardía que impetuosa,
pero en fin, algo que quebraba mi yo
día a día.

Entonces nos detuvimos en frío muerto de los restos negados,
yo leía libros viejos y tú esperabas la renovación del cordón umbilical,
ese que debía darte un poco de alimento.
No quería horas,
no tenía tiempos,
no pensé en despedirnos y aún así ya había daño.

Nos soltamos y corrimos en picada,
para no cortarnos con los pedazos de un corazón mal sepultado.
Y de pronto el silencio abrazó mi vida desde ese abril inocuo,
antes del final del cuento.
Las pupilas dilatadas
decían más que
las palabras vacías y perversas.

La hora del cobarde marcaba en tu reloj,
tu traje de limpiarte la culpa te cubrió la piel.
La hora del orgullo, mi hora, estaba retrasada por culpa de esa frontera infame
y yo flotaba en ese proceso.

He ahí la ofuscación del deseo errante,
ya no había espera,
ya corría la tinta roja que unía el camino del pasado en el futuro incierto e idealizado.


Y ni tú ni yo volvimos a cruzar miradas.
Y el rostro de vos está desolado.

Y el rostro de vos está opaco por el temor al compromiso,
por la negación de tu propia existencia.
Y el rostro de vos sigue desolado
su pupila está congelada en el vacío existencial,
mira a otro lado,
la soledad apaga las miradas haciendo nostalgias concurridas
y huellas dactilares testigos de un respiro eterno.

Huellas que quedan en tu piel y en la mía,
en ese beso a nuestras sombras,
en un giro
del deseo interrumpido.

domingo, 25 de mayo de 2014

Tu sombra ya no espera más.





Pues hoy desperté sin ganas de traer tu sombra conmigo, 
has sido un peso infernal desde el mes final neófito y furtivo, 
y aunque hoy te escapas como aire fluctuante, 
ya no yace el dolor que me volvió vegetal, 
porque otra luz interrumpió la espera de tu sombra. 

Y puedo ver mis manos como alas sin sostener nada, 

arriesgándome al grito de libertad. 

Porque mi impulso dejó correr el punto.

Porque mi impulso dejó correr el punto.
Porque mi impulso dejó correr el punto.

Punto medio, 

medio punto, 
punto mediano, 
punto y medio, al final.
Es lo que faltó entre nosotros...
pero es bueno saber que aunque tarde siempre es decisivo el punto.
Lo siento, pero hoy ya no son tres puntos suspensivos ni puntos medios... 
porque mi momento fúlgido disipó dos, 
y hoy decidí que sea un punto final, 
donde mi laberinto será el error de la ilusión 
y mi vida volverá a ser mía.
Pues emerjo del fondo del agua 
y me limpio de culpas ingenuas,
salgo a respirar mi último copo de oxígeno,
las gotas me hacen una, 
soy conceptualización acuática de tu miedo negado. 

El momento de triunfo es la confrontación,

mi último impulso emerge del agua, 
y el punto final cae allí... 
en ese mismo lugar al lado de tu sombra ausente.

domingo, 18 de mayo de 2014

Submarine

Y ella se dio la vuelta,
supo doler,
supo quebrar,
supo golpear como ola temible,
quedó a orillas, asolada y nefelibata.

Desde entonces su piel
se cuartea en algunas épocas del año,
y comienza a caer como río abajo, como gota eterna, ajena y distinta.



Todo se volvió acromático.

Ya no podía disfrutar la lluvia como antes,
no había sonrisas de madrugada,
no había placer por el desvelo,
no más viajes súbitos
no más miedo a querer.




Pero todavía quedaba extrañar.

Su intensidad y su boca tenían mi nombre,
sus constructos bailaban jazz con aquella imagen mental
sus recuerdos distorsionaban la última mirada.

Todo contacto profundo volvía a su presente
como película proyectada
efímera y quimérica.

miércoles, 19 de marzo de 2014

Ulucordio

La vida da giros,
giros que uno no quiere, no tiende a desear,
y te elevan y dejan caer, y duele,
pero más hubiera dolido si habría planeado mi propio suicidio,
con las palabras que jamás dijiste.





El silencio colectivo en esos meses nos hizo disipar como humaredas de madrugada y 
no volví a verte como el primer día.
La sangre que emana del túnel monstruoso en tu interior te llevó a una de las grandes caretas; y esa fantasía de París y Praga se quedó en el tendedero de tus cadenas paternales, fueron paseos sin manos, abrazos sin emoción, miradas huecas y ultrajadas, no había más que mar negro en tus venas.
Creímos que el miedo hipócrita a tus sentimientos en ti era pasajero, pero no hay dolor más grande que no reconocerte como sí, si eres un conjunto de irrealidad... ¿cómo vives?, cómo si no aceptas tu verdadero yo... 

Finalmente, el precipicio fue nuestro mejor escenario, 
y el agua vertiendo de mi suspiro desgarraba tus vestidos, 
es que cuando el calor humano no enciende luces en el otro, los deseos se funden con la brea del alma, pierden realidad, y aparece el anticipado beso díscolo hasta perder el juicio.

Un tal vez y un quizá se vuelven inútiles en estos tiempos...
pero si tus excusas no hubieran ahogado mi esperanza, si mi mirada no hubiera tenido otro punto de encuentro, si tu cárcel no te hubiera vencido, vivirías sin condena y sin prejuicio.
Y si no hubiera tatuado mi alma con tus colores, no hubiera aprendido a estar segura de no repetir errores.

Y el desenlace fueron clavos en cada una de nuestras terminaciones nerviosas, yace mi lágrima turbia crispando tu vientre, semi abertura en tu boca, y el gemido más dulce en una noche de la Guerra Fría.
Los últimos respiros, la última palabra, y el primer recuerdo de algo enigmático. 

Purgémonos de toda culpa, que ayer no será más y que mañana reparará la existencia en el sueño de la noche ardiente en Praga.

lunes, 17 de febrero de 2014

Tout est calme

Despertar a su lado sin haber dormido...
dejar correr las horas, disfrutar en su abrazo, perder la vida en su espacio y en su tiempo, no en mí misma. 
Respirar su olor, olor puro, intenso, lleno, el appley para mis sentidos... todo flotaba y el fondo era su imagen, era su mirada soñolienta, sin pecado ni vergüenza... esa especie de algarabía... de sentir isócrono me hizo crear uno de los amaneceres más perfectos.

Había dejado atrás la oportunidad de hablar de mí y alguien más como uno.
No pasó esa noche, no volverá a pasar. Porque ella era una, y yo otra, pero qué hermoso matiz y qué fusión de sensaciones, luces tintinantes incoloras, vientos con sabor a sal disuadiendo las lágrimas del sol.
Vivir momentos fugaces y furtivos no tienen punto de comparación. 
Cuando eliges ser dueña de ti y responsable de tu propia vida, hay un abismo entre los demás y tú, es como si la sombra de nadie te admirara sin saber que existes.

Es y fue impajaritable, vorazmente numinoso,
contrario y ordenado.

Es un espacio de lluvia y de rocío penetrante para tu alma, para tu mente, para tu cuerpo.
Es como follar con la naturaleza y dar vida en toda terminación de raíz o en cada cruce de mar y océanos, en cada espacio de tierra y arena, en el pasto, en la planta, y en el cielo raso.
Mi libertad se inyectaba a mí, iba talando ramas putrefactas y sangrantes que asfixiaban mi cordura y mi soledad.



Volcar mi mirada en ella y en mí
ahogarme en su piel y morir con el latido 256 de su vida.
Nacer en ella misma, sin alma, creándola luego por la propia voluntad de mi sombra sin nombre.