jueves, 2 de diciembre de 2010

Mi estrella fugaz: Fátima Regis Parodi (1)

En un año pasan tantas cosas, las palabras son efímeras, las ideas más todavía… el sentimiento se enfría con todo el entorno patético, lo único que mejora es el ver tu sonrisa al levantarme cada mañana, y tu mirada me embarga y me fortalece, y así comienzo el día, por eso puedo demostrar alegría, porque si tú no estarías cuidándome, no sería igual…
Has sido el ser más maravilloso, alegre, divertido, ocurrente, confiable, amoroso y admirable que conocí, siempre irradiando inocencia, regalando lo mejor de sí, llenaste el vacío de mi vida, hiciste que pensara teniendo otra perspectiva, aprendí de ti la entrega desinteresada, entendí que si comparto emociones, sentimientos, y pensamientos, puedo estar más cerca de ti; te siento y son pequeñas claves, y debo estar tan atenta a que mis sentidos no me traicionen, porque cada señal, cada palabra sin hilar en mi cabeza pueden encontrar la respuesta, cada susurro en ondas en  forma de espiral me hacen fúlgida, me hacen victoriosa y llenan mi vida de anhelos, de esfuerzos logrados, de palabras inéditas, de momentos geniales,  de enigmas radiantes, de lazos verdaderos, de el vínculo más fuerte, más impetuoso.
Un año, un año...pasó así de rápido como cuando me regalabas una sonrisa al estar triste, como cuando no dormíamos por charlar, como cuando veíamos el cielo estrellado, como cuando cantábamos sin parar, como cuando jugábamos, como cuando cocinábamos, como cuando salíamos a comprar, como cuando cada una comenzó a sentir que quería al chico ideal, como cuando lloramos juntas, como cuando conocimos lo que significaba estar desilusionadas, como cuando te canté por teléfono, como cuando te despediste de mí, como el abrazo más fortalecedor, como tu mirada fija, como tu fragilidad, como tu esencia que se quedó en el aire, como tus dulces susurros, como la lealtad con que vivías, como tus fuerzas, como cuando irradiábamos la más perfecta inocencia. Es difícil aceptar, y no es nada fácil, es aún como el sueño que no pudimos remediar, como el dolor de un niño, como el llanto del cielo, como la ira del mar, como la tristura de mis ojos y tus ojos, como la nostalgia de una rosa, como la espina venenosa cuando atraviesa el tejido superficial, como la escapatoria vertiginosa de nuestra alma al más allá. Si tu dulzura nos hechizara, si la inocencia viviera en cada uno, todo esto sería distinto, sería como mi era primaveral, como la primera luz que ve el ser, como la dicha de ser mamá, como el valor de la amistad, como la mirada tuya y la de un infante tierno, sería la esperanza más pura, la apoteósica espera de bienestar.
El mejor año para Dios, la más grande bendición para el cielo, el regalo de todos: Tú... nuestro ángel incondicional. Si aprendí a valorar en parte fue gracias a ti, porque tenía miedo, y tú lograste desintegrar la coraza que me envolvía y cubría todo el dolor externo. Eres el ángel más hermoso, más alegre, fuiste la esperanza, la fortaleza de muchos, la admiración de otros, eras la alegría incansable, lo magnífico de muchas vidas, eres la compañía aquí en la tierra y allá en el cielo. Un año sin ti, sin tu ternura, sin tu alegría, sin tu cariño, sin tu luminosidad... El año más feliz para el cielo, el año más perfecto para Dios, el tiempo más anhelado. Cumpliste tu misión, y llegaste a cada uno de nosotros, calaste el verdadero sentido, dejaste un vacío profundo, que desde el cielo poco a poco sabes cómo llenar; Dios debe ser muy feliz al tenerte, y debe estar satisfecho con todo lo que hiciste, con las alegrías que diste, con cada palabra y cada hecho que plasmaste en este mundo vesánico y extraño.

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