Sí te quise porque ahora intento odiarte, entregué mucho y me ahoga saber que olvido todo cuando estás cerca, me interceptan emociones inocentes que deshacen todo deseo barrera ante ti, encuentras mi desorientación, y yo me hago más pequeña, y me quedo quieta esperando que venga algo mejor, esperando menos dolor, huyendo del desamor, caminando y poniendo en juego mi yo; intento alejarme pero regresas súbitamente y omnipotente.
Es frustrante saber que has vencido muchas veces a mi voluntad poco certera, puedes hacer, dejar de hacer y yo, estúpidamente estaré allí. Pero cuando culmine con esto, tomaré en cuenta que ya no puedes seguir dominando mi voluntad, porque no volveré a perder la esperanza por ti, porque me haré responsable desde hoy de mí, así me quede poco tiempo, y no creeré ya, que sólo tú podrás acompañarme cuando sienta el miedo a lo desconocido, y no podrás derribar mi pendiente.
Te he entregado incontables momentos, tiempo, palabras que no dije nunca, sonrisas, deseos, mi día predilecto, la noche melódica un fin de semana, canciones, alegría por verte; sin embargo nunca dije todo lo que no me gusta de ti. Callé y callé por tantos años, a veces me desconozco por haberlo convertido en un hecho, me exaspera sentir tanta ambivalencia cuando se trata de ti, no hay espacio para modificadores, no hay estabilidad; me encerré en la idea de no buscar algo productivo para solucionar esta situación.
Pero buscaré estar lejos de ti, y creeré que soy infeliz para ser verdaderamente feliz, y desearé para ti, y sonreiré por ti y por el tiempo magnífico que tuvimos, pero ésta vez dejaré de quererte con esta intensidad patibularia.
Sí, yo fui quien se dio por vencida por el peso del dolor, y cuán tormentoso fue ese momento, ahora estoy dispuesta a dejar todo eso atrás.
Pues, si debo sentirme excéntrica, es porque al principio no supe asimilar esa noticia que desequilibró mi vida y algunos planes, no le presté atención a todas las caras de la verdad, yo completé la otra cara con lo que me convenía, siendo cómplice de mi temor a la muerte, fui partícipe de tu ira incontenible y mi inseguridad de niña desprotegida. Y aún así actuaste de manera ingeniosa y me creí tu personalidad apolínea, y desenterré sentimientos hirientes, pues mordí mi propio anzuelo, caí en tu trampa y no hice absolutamente nada por escabullirme, por dejar de llorar por lo mismo, y me infiltré en la maldición de mi silencio, pero logré explotar una tarde, gritar, tragarme el dolor, sin embargo al verte, sólo atinar sonreír de forma apoteósica.
Seré libre así no te guste, reiré sin control, buscaré mi bienestar, nombraré la estrella y me dará luminosidad cada vez que busque desesperada… una respuesta. No volverás a saber de mí, y te echaré de menos, y te querré menos; empero quedará en el aire, no serás nunca más, trascendental en mi vida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario