Me he equivocado, he sido egoísta y por miedo al daño y el dolor he herido, he sentido, he caído, he perdido, me he confundido y muchas cosas el día de hoy han perdido el toque de color.
Las cosas no deben ser como han sido establecidas, no deben calarme el pensamiento, no deben asustarme, no pueden sobrepasarme, no pueden inmiscuirse en mi forma de ser mostrando ambición, preocupación excesiva por eventos póstumos, no tienen que arruinar mi vida, tampoco hacerme pasar cada día sin la búsqueda de mi estado ideal. Me ha costado entender esto, pero tenías que decírmelo alguna vez, porque me quieres y yo no me he privado de hacerlo contigo. He vivido llena de parámetros, con límites, con ajustes naturales que están transformando mi ser; y no es bueno, no es entendible, no es lógico ni adecuado. Sé que no esperas más de mí, no he pedido que lo hagas, pero te hice daño de alguna u otra forma, y me hace daño saber que ya no seré quien era antes.
Cuando el mar me desafiaba, sabía que estarías allí, aislándome del asombro, del susto, del miedo, del desequilibrio emocional; hoy sentí miedo, porque te vi lejos, sentí que la posibilidad de regresar a tu lugar estaba sesgada, que tu mirada no iba a ser de alegría ni de aceptación. Mi miedo ha sido eterno, me ha provocado etapas de transición, limitarme afectivamente ante algunos, demostrar dureza subjetiva, aferrarme a lo académico insulsamente sin pensar en lo que me rodea; siempre he sentido que las personas llegan a uno por intereses superfluos, pero es distinto contigo, y tal vez por mi inseguridad, mi constante manía de hacerme pequeñita, de críticas y fijaciones con la perfección, he llegado a escaparme de un lado de la realidad y me he puesto en el papel de un ser malvado, me he dejado atrapar y seducir por esa sombra de la cual me he escapado todo este tiempo, me he atrevido a desafiar mi punto de equilibrio, he perdido mi permanente intención por dar todo sin esperar nada.
Te he hecho daño, y con eso me he hecho daño a mí misma, no me percaté de los errores, tampoco de las consecuencias, de la privación de tu vínculo, ni de toda esta sensación inusitada e insoportable; he caído y me está costando mucho levantarme.
Sabemos que las promesas son frágiles, que mi llanto fue inesperado, que tu llanto me demostró la importancia de haber sido parte de tu vida, que tu enojo es severo, que no será como antes, que hay ciertos puntos que determinan una situación, que la angustia por no verte en esta rutina indiferente y abrumadora me hastía, me calla, me ahoga, me desintegra.
Hay una sola decisión, un solo sentimiento, una solución, un empezar de nuevo y un fundamentado y verdadero “lo siento”.
Y está este corazón a la intemperie, frágil, esperando algún golpe bajo, enmarañado de palabras hirientes llenas de realidad, de miradas justicieras, está buscando una explicación tratando de dominar la abulia intrépida, queriendo hacerse dueño del cuerpo dulce que un día fue desterrado por emociones inhóspitas e instintos peculiares no deseados.
Sé que hay una intención, hay formas de cambiar todo este panorama dañado, no conservado, pero se necesita tiempo y espero no me dejes sola, no permitas que siga en el error, en esta reacción circular perjudicial, muéstrame el momento indicado.
Todos hemos cometido pecado, y hemos de pagarlos concibiendo constancia en nuestro acto. Sin duda, una vez más la debilidad del ser humano es grande, perturbadora y está sesgando nuestra esencia.
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