La vida se está yendo, y ha pasado por mi lado, me ha rozado, me ha hastiado tácitamente, me ha dejado desprotegida y ausente en esa categoría a priori que se llama tiempo. Entiendo que inusitado es mi deseo, que es poco probable su realización, y será resquebrajante tu maniobra, es desesperado el vocablo que pondrá fin a mi juicio trascendental, pues admirable será mi desazón.
Si crees que el mundo gira en torno a ti, estás viviendo abyectamente. No agotes tu pequeña capacidad de amar, no seas tiranizado, no aguantes las ganas de gritar, no claudiques ante tu verdad, no olvides la idea de ser, no resguardes tu esencia, la doctrina del concepto, no ahora que estarás inerme ante el noúmeno anhelado. Es cierto que el sujeto le da valor al objeto, a la realidad, pero siempre está condicionada con intereses superfluos, por una intención bizarra y rústica; creo que tal vez la necesidad del ser humano no es la totalidad de lo real, y la distinción de la razón y el entendimiento se está haciendo insuperable, y distante. Tu felicidad cáustica no lo es todo, y tampoco tu infaltable lascivia y el proceso súbito y marginador, ni tu "pleno" y efectivo saber es lo máximo para la ley universal.
Estás en constante cambio, decides y hay luchas entre dos deseos, o eres así o te arriesgas a replantear tu ser roído, juegas con la parte de tu ayer, y vuelves a la vida sin la facultad de sensibilidad, de entendimiento ni de razón. No será fácil, estás intengrado a tu sociedad, y si no actúas quedarás dominado, y humillado, porque no cabe el descuido, no cabe tu sonrisa esperanzada, tampoco la palabra de aliento o el abrazo abstemio, y menos una idea que no ha podido ser concretizada.
Estás en constante cambio, decides y hay luchas entre dos deseos, o eres así o te arriesgas a replantear tu ser roído, juegas con la parte de tu ayer, y vuelves a la vida sin la facultad de sensibilidad, de entendimiento ni de razón. No será fácil, estás intengrado a tu sociedad, y si no actúas quedarás dominado, y humillado, porque no cabe el descuido, no cabe tu sonrisa esperanzada, tampoco la palabra de aliento o el abrazo abstemio, y menos una idea que no ha podido ser concretizada.Mes de fulgor, de la filosofía del espíritu, de ideas ortodoxas, de palabras decisivas, de ética y moralidad, de entender que ese amor no se equivoca, de mirar al cielo suspirando esperanzada en algo mejor, de café cargado e inconsciencia colectiva, de sinfonías extraviadas en mi yo, de callar por respeto al deber, de jugar con la frialdad y el interés afectivo, de nuevas voces, de traslapar la carencia de un ser inocente y pequeñito, de miradas intrépidas y absorventes por algún tipo extraño que me ha robado el alma en su mundo cosmológico.
He hecho cosas normales, he cumplido con mi rutina una vez más; la realidad tiene otra visión, me he impuesto y ante ella me he expuesto fortalecida e inquebrantable, negaré la conciencia de aquella que me dejó en la intriga de lo incierto, en el desinterés del noúmeno, en la apariencia errática, en el fenómeno creado y establecido, en la inseguridad al sonreír.
Si la vida está pasando, es hora de que active el espíritu de sublevación y que busque un bien universal, el sentido de mi vida, sentir porque es un llamado, es mi necesidad.
El fin de la vida es próximo a cualquiera, es inesperado y tal vez algo escrupuloso, y es ley para todo ser humano, sin embargo, esa idea sublime y desafiante trae desconcierto y sigilo, y me anima a aventurarme, a increpar en el vuelo de las coplas melancólicas y de abulia, a instituir el deseo de verdad, a que cada día sea un goce lleno de ímpetu y de valor, a no aferrarme y dejar el telón caer, a crear nuevamente una historia fúlgida, y sobre todo a disputar el anhelo de vivir y el misterio de la muerte.
El misterio de la muerte, por el que si te dejas escatimar y supeditar estarás en la soledad, ajeno y lejos de tu lágrima y en toque de queda.
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