Una sorpresa puede perder la emoción, así como puedo dejar de extrañarte sin haberte olvidado. Prometí no estar ajena a tu realidad, quise no quererte y no lo he logrado, pero pude calmar mis ganas por saber de ti, no se ha hecho presente la exasperación, y he podido estructurar las dosis de cariño, la porción de amor que precedentemente te di.
He querido en demasía sentir que quien se hace dueña de todo soy yo, que es mi voluntad la que cambiará mi vida, que tengo que actuar porque así lo deseo, porque la voluntariedad hará que alcance la felicidad, sentir que tengo responsabilidades y que soy capaz de lograrlas sin tenerte a mi lado, sin verte o escuchar tus palabras, sin pretender quererte, sin consentir que te inmiscuyas y logres dañarme o quebrantarme. Dejaste palabras en el aire, privaste y desintegraste conductas oportunas y lógicas, te alejaste confusamente, me desorienté, hubo ofuscación en mi lugar, no me enojé, no he podido hacerlo con muchos y no esperé tampoco hacerlo contigo.
No te olvido, no lo intento y no genera flucutación en mi estado de ánimo; te quiero y no me desespero, queda estático el grado de amor y puedo controlarlo con austeridad; vivo discreta, serena y prudentemente, pues se hace presente la inocencia en el momento, creo que he comenzado a buscar respuestas sin abdicar mi razón ni atenuar mi yo; te necesito y no busco tenerte a mi lado, necesito el equilibrio y la mesura para estar segura de mí y de ti; te hablo y no es correcto ni fructífero que me escuches, hay tranquilidad en este panorama, no hay abulia ni auscultación por volver a la dependencia paradójica y vesánica.Cuando se dio el colofón, no miraste, buscaba entenderte, hablabas atolondradamente y negabas la idea de desvincularte y hallar la distancia óptima. Eras tú y yo adherida al mutismo, desintegrándome entre la cautela y la infamia de tu determinación lúdica, irónica y difusa; aceptaba mostrando mi lenguaje corporal seguro e hidalgo. No hubo quejas, no hubo retorno, tampoco miradas de tristeza, simplemente un cuerpo oscuro, soplidos fríos de un cielo enfurecido y omnipotente, el alma vagabunda de cuerpos carentes de amor, estima y existencia, el canto decadente de aquella princesa enclaustrada y abyecta, el suspiro alterado de una sensación quimérica, el deseo de una sola palabra: "detente", el instinto radical y constante de protección de ese lobo valiente, y, mi sentir atónito y estupefacto.
En esos minutos, bajo la oscuridad tu idea dejó de ser certeza, y cómplice se hacía la oscuridad, invadiendo el que fue nuestro lugar. Decidí omitir la duda y la tristeza, entiendo y no pretendo guiarte cuando te sientas desprotegido, no pretendo darte sosiego, ni ser presa de tu maniobra cáustica. He encontrado una medida que inhibe la ansiedad, y he logrado estructurar mi vida ausentándote excesiva y esporádicamente; la ausencia puede traslaparse, y tengo el control para entregar y cohibir el cariño; envueltos en la oscuridad es tiempo de hacernos niños, jugar eludiendo intereses subjetivos, concluir con todo esto.
No deberá ser un final feliz, porque las condiciones externas y otras influyentes no lo permiten, pero es tiempo de concluir con nuestro juego, y descuida, lentamente irá descendiendo el nivel de importancia que incorporé, se debilitará nuestro vínculo sigilosamente, se empobrecerán tus recuerdos, y todo lo que dejaste en mí. Una vez más envueltos por la oscuridad en aquel lugar, caducará nuestro tiempo y será el final de todo, no esperes algo extra pues no hay vencedor esta vez, es una liberación, es la idea de que se acabó el "amar", es decir adiós y no regresar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario