domingo, 18 de mayo de 2014

Submarine

Y ella se dio la vuelta,
supo doler,
supo quebrar,
supo golpear como ola temible,
quedó a orillas, asolada y nefelibata.

Desde entonces su piel
se cuartea en algunas épocas del año,
y comienza a caer como río abajo, como gota eterna, ajena y distinta.



Todo se volvió acromático.

Ya no podía disfrutar la lluvia como antes,
no había sonrisas de madrugada,
no había placer por el desvelo,
no más viajes súbitos
no más miedo a querer.




Pero todavía quedaba extrañar.

Su intensidad y su boca tenían mi nombre,
sus constructos bailaban jazz con aquella imagen mental
sus recuerdos distorsionaban la última mirada.

Todo contacto profundo volvía a su presente
como película proyectada
efímera y quimérica.

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