ya no había más recuerdo en vano ni lágrima vencida por el desengaño.
Ya el eclipse de mar la había disipado.
Y qué apoteósica esa mañana de nuevas pieles humanas descubiertas,
qué juego de colores el de su boca, el de sus gritos de avecilla en abedul,
el de su mano sobre mi espalda, dibujando mi omóplato con perfección divina,
era algo inhumano, momento de trascendencia para dos seres.
El silencio era eterno pero se traducía en comunicación entre nuestros sentidos,
...y una vez más el desayuno adornaba la habitación y nuestras almas volvían de aquel viaje de madrugada, de placeres eternos, de sensaciones corpóreas incontenibles.
Quién sabe lo curioso de aquella noche fría,
quizá fue desencadenante de tanto deseo, tanta calentura,
paredes testigo de amor furtivo, amor a gritos, de amor libertario,
de amor inusual; se había hecho cómplice de mi placer y su rostro me hacía más dócil
Entonces, su palabra pintaba mi cabello y sellaba mi boca, quitaba lamentos y penas mal curadas, caía hacia su centro.
Tenía la mirada de mar adentro,
como un tul de nubes,
de hielo compacto luchando contra el sol omnipotente.Tenía sigilo y atrevimiento, los electrones bailaban a su alrededor.
Las millas entre nuestros cuerpos hacían brotar girasoles.
Y si me dices que la describa en una palabra...
en una mísera palabra,
palabra
pa-la-bra
no puedo, no; las palabras se trizan si se intenta compararla con ella.
Los fonemas y grafemas se hacen carente de todo peso y descripción importante.
Y el rostro de vos, y mi rostro, señora mía, dejaba claro que la noche no es una ciencia exacta.
Parámetros humanos, golpes de pecho con sabor a dulzura, bailes equivalentes a componentes corporales en tus pícaras comisuras.
Pero entonces, ya no habían sombras tormentosas; estaba el óbito perfecto de sombras pasadas, demonios congelados con tu mesura. Nueva silueta brillosa, el crack de cuerpos extraños, estábamos en el lado de la vida, mirando a la muerte envidiosa que no se consagraba porque jamás amó como nosotros.
Sostuvimos la mirada, la nueva silueta pedía nuevos planes, cambios de coraza, y nuevas sonrisas con olor a tus cabellos. La nueva sombra regalaba besos, hacía trifulcas con los sentidos y trastocaba terminaciones nerviosas.
Por fin, cada símbolo de vínculo flotaba en el aire como burbujas en ese olor a vainilla de la envergadura en tus alas y de mi ya renovada estructura.
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