martes, 4 de octubre de 2011

Exabrupto mental

Tu ambivalencia me enfermó hace unos días, lo siento, pero no es fácil decir que logré mantenerte al margen de mi vida, de mi rutina, de mis ideas; los dulces momentos que creaste, las palabras que dejaste desplazadas en el viento, las miradas de sinceridad que quedaron estampadas en la pared esa tarde en donde tu melancolía y el problema pudieron más que tu dureza diaria y tu reserva constante.

No volví a creer en ti hace unas semanas, cuando intempestivamente sorprendías mi seguridad hogareña, no culpo tu forma de ser, critico la percepción que tienes hacia las personas, respeto tus decisiones, pero me alejo de las afecciones.

Un día tal vez regreses a tu fase de libertad, sin que el pensar de la masa a tu alrededor te esté ahogando, por fin tendrás los segundos de oscuridad, y podrás sonreír como cuando aún eras una niña. He entendido que el ser humano tiene ingenio y éste lo ha hecho superarse y crear, cada uno busca un tiempo para olvidar, un tiempo para pensar, para analizar la conducta aprendida, para entablar vínculos y no perder los que creó anteriormente.


La terquedad me acompaña de vez en cuando, y suben las apuestas esperando que como individuo pierda la calma, esperando mi histeria para decir todo lo que no has querido escuchar; cuántas veces te has escabullido ante las situaciones en que debías enfrentar tanto, no deberías a conveniencia crear vínculos, jugar, manipularlos hasta dejar al extraño en el exabrupto de este teatrín usual que formas por tu inseguridad y el miedo a quedar aferrada enfermizamente.


Busca tu mirada en el cielo, busca tu sonrisa en aquel ser indefenso, busca las distancias rotas, las palabras que una vez juraste no decir, busca el silencio que llega a enternecerte, busca la pena que emerge en lo desconocido, busca cada una de sus caricias, quédate en tu vida, sé partícipe en el momento que tu corazón vacío se llene de la sensación inédita.

No pretendas que los que te rodean te tomen como prioridad, porque el individualismo prevalece en nuestra sociedad, y tú mejor que nadie sabes qué es y cómo se da. Días y noches de celos, de deseos, de amor, de mortales conflictivos, de sentimientos en interacción con alguna canción, de tráfico y desesperación, de procastinación, de impulsos paralelos, de historias creíbles e ingenuas, de aventuras y desventuras; días y noches en donde puedes ser tú quien decide ser invisible o no. Días y noches de infidelidad, de construcciones imaginarias, de palabras decadentes, días en donde no quieres existir, y noches en que el deseo te toma por sorpresa y quieres vivir vehementemente.

 Era hora, tenía que llegar el momento de una etapa así, de cambios y de nuevos panoramas, de individuos con menor frustración, de palabras sinceras, directas y firmes. El mundo no gira entorno a ti, eres parte de éste, termina de buscarte, y da por hecho que tus días y tus noches serán gobernadas por tus sensaciones, tus días y tus noches a merced de la gravedad, y el tiempo será latente.

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