No es mi lugar, no es el día predilecto, no fue el momento en que debía recibir abrazos comprometidos, no necesito que todos asistan a un lugar por mí o por el día en que me aferré a eso que se llamaba vida, no es obligación de nadie y ni de mí creer que será un día perfecto, los días van y nunca los podemos detener, las fechas se olvidan, y tal vez se pierden en la memoria de alguien que nunca le dio importancia. No es crucial celebrar cada cosa que se te presente intempestivamente, no es relajante si todos pretenden algo evidente, y se cierran en el tratado de la sociedad.
He pensado que debe ser diferente, debía ser normal, un día más, sin reuniones, sin nada que ofusque mi tranquilidad, quizá con un libro, con un café, con música y la búsqueda de mí misma en un lugar solitario de la ciudad. El noúmeno se hace presente y deja ínfimamente al fenómeno, están condicionados por distintas categorías y no se fijan en lo real.
Somos tantos seres, tantos cuerpos, tantas almas, y nadie sabe completamente nada del otro, una fecha pierde su envergadura, se difumina porque sólo en ese momento una cantidad de personas la tiene en cuenta, al pasar las horas todo se coloca nuevamente en su lugar, y todo regresa a la normalidad, y cantidad de palabras auténticas y efímeras quedan relegadas por nuevos momentos. ¿Lo axiomático de mi vida? Eso es para mí, y para muchos pasará desapercibido y será efímero, puesto que también pueril.
No es del todo bueno, no es felicidad ni melancolía, no es el deseo de recordar, no es el deseo de hacer lo que debo, no es el deseo por sonreír, no es el tiempo en que estaré esperando una respuesta detrás de la puerta, no es la emoción por un día como este, no es euforia por agradecer… llegará a ser la eutrapelia omnipotente que me devuelva la delicadeza, la sensibilidad, la indulgencia introspectiva. Se necesita un poco de cielo para la tierra, calmar la desesperación e ira de las olas del mar, consolar detenidamente la penumbra de la luna en su oscuridad, oír el canto del aire al pasar, observar y amar.
La soledad quiere ser mi compañera hoy; está absorbiendo mis ganas, mi vigilia y mi risa peculiar, y está sublevando mi yo abstemio, abúlico, maniático y ético.
La supervivencia es un juego vertiginoso, la disculpa está desequilibrando mi seguridad, mi modo de ser, mis respuestas cimentadas, mi escepticismo, la duda. La querella intrínseca da origen a consternaciones cardiacas, carencia de sentir y convertirme en imberbe del drama inexorable.
Y es así, un silencio furtivo, un evento distorcionado y melindroso, una emoción inconclusa y quimérica, un constructo incrédulo. Una insania poderosa que te deja perpleja.
Y es así, un silencio furtivo, un evento distorcionado y melindroso, una emoción inconclusa y quimérica, un constructo incrédulo. Una insania poderosa que te deja perpleja.
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